La respuesta al color del vestido está dentro de nuestro cerebro

La respuesta al color del vestido está dentro de nuestro cerebro

El color en que unos y otros vemos el vestido más famoso del mundo tiene una explicación científica. El Dr. Ignasi Jürgens, director médico del Instituto Català de Retina y jefe del Departamento de Retina del centro, afirma que “se trata de un tema relacionado con la percepción visual. No es un problema del ojo ni de la retina, sino que se trata del procesamiento que hace el cerebro de esta información. Esta percepción, la iluminación y las sombras que pueden haber en el momento que uno mira la fotografía, son los factores que explican estas percepciones”.

Si medimos el espectro de un color, tendremos un dato objetivo de la frecuencia de onda que refleja ese objeto, ya que un objeto por sí solo, no tiene color. Debemos tener presente que en el mundo físico no hay color, hay luz. En este caso, aunque el color original del vestido es azul y negro (así nos lo confirmaría el photoshop por ejemplo), la iluminación de la fotografía altera la sensación de color en algunas personas, lo que provoca que muchas personas lo vean de color blanco y dorado. En este caso, la iluminación hace que se aplique un filtro y nuestro cerebro entiende que en ese ambiente debe hacer una corrección (que ya tenemos en el subconsciente).

El cerebro de las personas que ven el vestido blanco y dorado, puede haber interpretado que el vestido se encuentra en una habitación iluminada y con una ventana por donde entra un reflejo azul. En cambio, la persona que lo ve azul y negro, puede haber interpretado que el vestido está iluminado más bien por una luz artificial, más amarillenta. Nuestros ojos intentan descifrar cuál es el contexto en el que están los colores que perciben. Cuando la luz y el color se combinan, cerebros diferentes asignarán más peso a uno que a otro, resultando de este modo en percepciones diferentes.

Lo más probable es que se trate de una imagen del todo ambigua por nuestro cerebro. Todo se reduce a una percepción individual y cómo y desde donde se observe la imagen. Al final, es una ilusión óptica como tantas otras que conocemos.

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