El nistagmo

Contenido médico revisado por - Última revisión 07/08/2017
El nistagmo

El nistagmo es un temblor o movimiento involuntario repetitivo de los ojos que puede ser de un lado al otro (nistagmo horizontal, el más frecuente), de arriba a abajo (nistagmo vertical) o rotatorio (nistagmo rotatorio o de torsión). Habitualmente, suele darse en ambos ojos. Existen varios tipos de nistagmos. Puede ocurrir en personas sanas en respuesta a estímulos ambientales o cambios posturales (nistagmus fisiológico) o ser un proceso “anormal” (nistagmus patológico). El nistagmo patológico, dependiendo de la edad en que comience, puede ser congénito o adquirido.

Nistagmo congénito

Aparece durante los primeros seis meses de vida y puede ser una alteración aislada de causa desconocida (lo más frecuente) o estar provocado por otra condición, como puede ser el albinismo, parálisis musculares o cerebrales, cataratas congénitas, ambliopía o lesiones en algunas partes del cerebro encargadas de conducir la información visual hacia otras áreas.

Nistagmo adquirido

El nistagmo adquirido se desarrolla más tarde y puede ser consecuencia de una lesión en diferentes regiones cerebrales encargadas de controlar el movimiento de los ojos o en el órgano del oído. También puede tener una causa tóxica o medicamentosa.

Nistagme

Los síntomas del nistagmo son varios. En el nistagmo congénito, el principal es la disminución de la visión, ya que los movimientos rápidos dificultan la fijación que permite ver cualquier objeto al mirarlo. A veces, cuando el nistagmo es adquirido, provoca la sensación de que el mundo que nos rodea se mueve.

También es habitual que las personas que sufren nistagmo congénito giren la cabeza, ya que la intensidad del mismo puede cambiar según la posición de la mirada, por lo que hay puntos (zonas neutras) en que el movimiento es mucho menor, y es hacia donde el paciente desvía la mirada.

Para diagnosticar el nistagmo, puede ser suficiente la exploración física realizada por el médico, si tiene un patrón reconocible, o puede requerir la obtención de registros del movimiento ocular (electronistagmograma o videonistagmograma). Dependiendo del patrón del nistagmo, pueden no precisarse más estudios o ser necesarias pruebas (como la resonancia magnética) dirigidas a valorar el área que se sospecha que no está funcionando bien, con el objetivo de identificar la causa.

El tratamiento es difícil y, muchas veces, inexistente. Dependerá de la raíz del problema. Si la causa es identificable y se puede tratar, deberá hacerse (operar la catarata responsable de la pérdida visual, retirar el fármaco que provoca el nistagmo, si es posible, tratar la enfermedad neurológica subyacente de la manera más adecuada posible…). En algunos casos, hay fármacos que pueden ser eficaces. A veces, el uso de gafas o de prismas puede llegar a reducir sus síntomas. Finalmente, también pueden utilizarse inyecciones de toxina botulínica para reducir los temblores graves del ojo o recurrir a la cirugía, que modifica la posición de los músculos y, aunque no cura completamente el nistagmo, corrige el movimiento anormal que debe hacer la cabeza para ver bien.

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