
El privilegio inmune es una condición especial que tienen algunos órganos del cuerpo, como los ojos, que hace que la respuesta del sistema inmune quede limitada en esta parte del cuerpo. Esto convierte los ojos en un entorno ideal para hacer investigación para en certes teràpies per al tractament de la pèrdua de la visió.
Nuestro sistema inmunitario nos protege de infecciones y enfermedades. Se activa cuando detecta un agente externo, como un virus, con la producción de anticuerpos para combatirlo. Se trata de un sistema de defensa llamado respuesta inflamatoria inmune, porque produce una inflamación y un aumento de la temperatura del tejido.
Esta respuesta puede ser beneficiosa para contrarestar algunas infecciones o enfermedades, pero también puede ser contraproducente en algunas situaciones. Es el caso de los trasplantes de órganos de donantes; el cuerpo detecta el órgano como ajeno y desencadena una respuesta inflamatoria, que podría causar el fracaso del trasplante.
El privilegio inmune del que disfrutan el ojo y pocas otras áreas del cuerpo (el cerebro, los testículos, la placenta y el feto) limita la respuesta inflamatoria inmune. La comunidad científica cree que se produce para proteger zonas esenciales del cuerpo de posibles daños provocados por estas respuestas inflamatorias que, en el caso de los ojos, podrían causar pérdida de visión.
El privilegio inmune del ojo permite llevar a cabo investigación sobre algunas terapias, como la implantación de células madre, que tienen menos probabilidades de ser rechazadas. Esta técnica ha demostrado resultados prometedores en el tratamiento de pérdida de la visión.
Uno de los usos oculares del privilegio inmune de mayor éxito es el trasplante de córnea. Los aloinjertos (injertos de donantes) corneales tienen una efectividad del 90%, sin compatibilidad de tejidos y sin terapia inmunosupresora sistémica.
Aunque se cree que el privilegio inmune protege el ojo de los ataques autoinmunes, no es infalible y todavía no se comprenden sus mecanismos en su totalidad, puesto que, frente al privilegio inmune y en ausencia de traumatismos, el ojo sigue siendo vulnerable a ciertas enfermedades, como la uveítis autoinmune. Como se ha demostrado ámpliamente mediante modelos experimentales de uveítis inducida, un pequeño número de células T efectoras activadas en la periferia o transferidas puede romper fácilmente el privilegio. Por ese motivo, parece que el concepto del privilegio inmune debe seguir investigándose, definiéndose e incluso quizás revisándose.

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