
Con la llegada del verano, los ojos están expuestos a una serie de riesgos que conviene prevenir para evitar lesiones graves. Agentes como el cloro de la piscina, la sal marina, la arena, los fuertes vientos o el sol son causas que amenazan el estado de nuestros ojos. Estos agentes pueden alterar la salud de la conjuntiva (provocando conjuntivitis), de la córnea (provocando queratitis), del cristalino (alterando su transparencia y derivando en cataratas) y de la retina (las quemaduras pueden ser irreversibles y dañar la visión).
El Dr. Arturo Ruiz, jefe del Departamento de Córnea de ICR, nos cuenta qué podemos hacer para cuidarlos durante esta época del año.

Es importante que, durante todo el año, pero sobre todo durante el verano, protejamos los ojos de los rayos solares con gorras y gafas de sol con vidrios homologados contra los rayos ultravioletas. Se deben tener en cuenta los siguientes puntos a la hora de adquirir unas gafas de sol y, ante cualquier duda, hay que consultar con los equipos médico y/o de optometría.

La exposición reiterada de la película lagrimal al cloro y a otros productos químicos usados en las piscinas podría debilitarla. Esto dejaría el ojo más desprotejido y le causaría un enrojecimiento debido a una irritacion de la córnea y la conjuntiva, así como otros trastornos oculares, como ojo seco o visión borrosa.
Por ello, el doctor recomienda seguir estos consejos a la hora de ir a la piscina:

Ante la presencia de síntomas como ojo rojo, picor, escozor, lagrimeo y fotosensibilidad, es recomendable acudir al centro oftalmológico para realizar una exploración y establezca el tratamiento más adecuado.
En caso de usar lentes de contacto, es muy importante evitar usarlas dentro del agua, ya sea en el mar o en la piscina, ya que en esa situación los ojos están más expuestos a la contaminación microbiana, tanto de bacterias y virus como de amebas. Una infección provocada por amebas puede ser muy grave y puede provocar ulceraciones de difícil resolución, derivar en una pérdida visual importante e incluso requerir un trasplante de córnea.

Una de las causas más importantes de infección o úlcera corneal es el uso descuidado de las lentillas. Hay que hacer un buen mantenimiento de las mismas para evitar que las sustancias con las que entran en contacto puedan producir una infección.
Además, las sustancias químicas que contiene el agua de la piscina y la sal del mar suelen provocar durante esta época del año conjuntivitis y queratitis irritativas, que después pueden derivar en víricas o bacterianas al entrar en contacto con aguas de mar o piscinas donde puede haber estos agentes patógenos. Estas pueden manifestarse con síntomas como enrojecimiento en los ojos, escozor, ardor, sensación de cuerpo extraño, hipersensibilidad a la luz o lagrimeo.
ante cualquier síntoma ocular que te preocupe, puedes acudir al centro oftalmológico, incluso de urgencias si es preciso, ya que el diagnóstico precoz de una posible infección corneal puede ser primordial para evitar pérdidas de visión permanentes.

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